Atender, Ignorar, Permitir, Impedir

Los/as niños/as tienen sus propios recursos para conseguir lo que desean o evitar lo que no quieren. Debemos enseñar, modelar, moldear y reforzar aquellos que resulten más adaptativos, sean gestuales o de palabra. Pero además de mostrarles cómo comunicar sus deseos o rechazos, también hemos de transmitir que no siempre podemos ceder a unos o a otros.

Hemos de ir aumentando el umbral de frustración de los/as niños/as, que sólo se consigue con coherencia (actuando siempre de forma similar ante las mismas conductas) y con contingencia (actuando de la forma más inmediata posible tras la conducta, asegurando asociaciones efectivas entre conducta y consecuencia).

La modificación de conductas requiere de un análisis, registro y estudio de los antecedentes y las consecuencias de las mismas. Los adultos deben modificar los patrones de relación con los/as niños/as, lo que en ocasiones hace imprescindible una implicación personal y un asesoramiento especializado que excede unas orientaciones generales (como las que describimos a continuación). Si la situación “supera” a los/as padres/madres, es necesario un profesional que lleve a cabo este análisis y que les oriente ante las dudas que les surjan o los cambios conductuales que aparezcan.

Orientaciones generales:

  • En general, mantener una actitud serena, pero firme. Tener la convicción de que si ignoramos las rabietas o las conductas desadaptadas, negamos algunas de sus demandas y no cedemos, no es por nuestra comodidad sino por su desarrollo socioemocional y su bienestar presente y futuro.

  • Estar atentos/as a la actuación de distintas personas con sistemas normativos distintos o incluso contradictorios. Lograr el acuerdo y la coherencia en todos los contextos físicos y personales en los que se desenvuelve. Si eso no es posible, intentar que, al menos, en el contexto de la casa y siempre que los/as padres/madres estén presentes, se sigan unas pautas.

  • Tener en cuenta que es más difícil cambiar hábitos que crearlos. Hemos de ser persistentes en las actuaciones y dar un tiempo para que éstas demuestren su posible efectividad. Tener en cuenta que también es probable que tras un periodo de “logros”, se produzca una “recuperación espontánea” de las conductas inadecuadas, en cuyo caso no hemos de mostrar inseguridad ni titubear.

  • También es más fácil modificar las conductas en un ambiente “que controlamos”, donde sabemos no nos va incomodar la presencia de otros (como la calle).

  • En general, ignorar las rabietas o los llantos como medio para alcanzar lo que desea o ante negativas a sus deseos

  • Emplear un lenguaje claro y sin ambigüedad, en el contenido y en la forma de los mensajes, de modo que haya diferencia evidente en el tono y en la expresión facial para aprobar y para reprobar conductas

  • Evitar recurrir a consecuencias (premios o “castigos”) artificiosas que no tienen nada que ver con el contexto o la conducta. No tienen el mismo poder para influir que tendrían otras más “naturalizadas” o relacionadas con la situación.

  • Evitar un intervalo de tiempo excesivo entre conducta y consecuencia. Puede que se premie o refuerce una conducta que no tiene nada que ver. También se pierde el valor reforzador o inhibidor de la conducta.

  • Decir “no” cuando sabemos vamos a mantenernos firmes hasta el final. Si prevemos que no podemos controlar la situación, es preferible darle lo que quiere o “negociar”. Negar en principio para luego ceder cuando la situación se nos hace “insoportable”, va a suponer que la próxima vez insista durante más tiempo y de forma más intensa porque sabe que antes ha funcionado. Se crean expectativas de éxito basadas en situaciones similares anteriores

  • Evitar incoherencia en nuestras respuestas, si unas veces reforzamos y otras ignoramos, unas veces desaprobamos y otras aprobamos la misma conducta, estamos dando refuerzo intermitente, que es la forma de mantener la conducta.

  • Programar esperas estructuradas, habituar a esperas y negativas empleando referentes sencillos, comprensibles para el/la niño/a: cuando vayamos a la calle, después de recoger los juguetes… Evitar “sermonear” (que es una forma inconsciente de reforzar con atención), dar una explicación sencilla una vez

  • Anticiparnos a sus conductas disruptivas, atender y reforzar conductas positivas alternativas: momentos en los que esté implicado/a en actividades adecuadas, empleo de medios adecuados para demandar… Tenemos que transmitirle que hay otras formas de conseguir nuestra atención. Estos momentos son muy valiosos y no se pueden desaprovechar, si pretendemos modificar conductas desadaptadas hay que sustituirlas por otras adecuadas cuyo valor hemos de transmitir con la práctica.

  • Admitir que todos tenemos preferencias y desagrados, y permitir un margen en los mismos. Nuestro objetivo primero es reducir, mantener dentro de límites razonables, no extinguir inmediatamente. Cuando sea oportuno, ofrecer alternativas, “negociar”

Ser educador/a no es fácil. Si además se es padre/madre, la dificultad aumenta. No siempre se actúa de la mejor forma en el momento más oportuno, pero sí podemos hacer que los aciertos superen a los desaciertos. ¡Ánimo papás y mamás (y abuelos/as)!

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